El padre que quiero ser

Parte de mi trabajo consiste en escuchar cosas que no deberían ser escuchadas, en decir cosas que no deberían ser dichas y en tomar decisiones que no deberían ser tomadas. Parte de todo esto involucra el tener que ser y como dice Irvin Yalom: el verdugo del amor. 

La gran parte de lo que escucho en el día a día tiene que ver con la insatisfacción emocional y pues eso tiene que ver con el clima emocional en el que nos desarrollamos, ahora bien, no me gustaría que se pensara en una cuestión de que como papá o mamá me hicieron… entonces tal; porque la realidad es que a menos que haya habido una negligencia muy grave eso, pues no aplica.

A lo que me quiero referir es a algo más sutil a algo que está todo el tiempo, pero se vuelve normal y lo dejamos de percibir, así como el olor a alcantarilla de la ciudad de México, si estás aquí no lo percibes, pero si sales de la ciudad cuando regresas te das cuenta de lo feo que huele todo el tiempo.

El clima emocional funciona así, como una atmósfera de la que pierdes noción y sólo te acuerdas que existe cuando sopla el viento. Este clima deja huellas a nivel neuronal, realmente el cerebro puede desarrollarse mal en su anatomía y en su fisiología con un clima emocional inadecuado.

Esto me lleva a cuestionarme mi rol como papá y el fin de semana lo reflexionaba detenidamente. Por primera vez en la vida dejamos a nuestra hija con sus abuelos para poder ir a una boda, al principio extrañé mucho a mi hija y conforme pasó el tiempo empecé a disfrutar el estar en donde estaba.

Mi esposa y yo bailamos todo lo que los pies nos permitieron y disfrutamos todo lo que la falta de condición física nos permitió, claro que al día siguiente me dolían músculos que no tenía ni idea que existían. Para la tarde yo no quería y casi ni podía moverme de cierta manera… y ahí es en donde entra la reflexión.

Mi hija no nos había visto y evidentemente quería jugar, ella no tiene la culpa de mi mala condición física, ni de que estuviera desvelado, ni de que me sintiera cansado, ni de que me doliera el cuerpo. Qué fácil hubiera sido decir (o mejor dicho pretextar) que estaba cansado y que mejor no jugáramos o jugáramos a otra cosa, pero ¿qué no es eso justamente parte de un clima emocional en el que no descubrimos quienes son nuestro hijos y sólo los vamos amoldando a nuestros deseos?

Con todo el dolor (literal) de cuerpo me puse a jugar, por eso no subí entrada ayer, porque me duelen hasta los dedos, pero me ha quedado claro que ese es problema mío y que no se vale decir no juego contigo porque estoy cansado y eso incluye hasta el cansancio del trabajo.

Habrá quien quiera objetar esto, diciendo que chance exagero y puede ser que sí, pero si algo me queda claro es que soy responsable del clima emocional que se construye en mi relación con mi hija, soy responsable de los recuerdos que tendrá de su papá y hoy por hoy no tengo garantía de que mañana todos seguiremos en condiciones de disfrutar la vida, de manera que lo único que tengo es el presente.

Prefiero el dolor de cuerpo en lugar de la alternativa: dejar de disfrutar la sonrisa, la risa, el contacto y la diversión con mi hija porque “papá está cansado y no puede jugar”, yo no quiero que mi hija sienta que por mi cansancio ella tiene un lugar secundario.

Esa sensación es horrible, por eso si estoy leyendo, trabajando, escribiendo, viendo tele, jugando Xbox o lo que sea y mi hija me demanda la atención, siempre voy a suspender lo que esté haciendo por ella, porque no vine a este mundo a trabajar para los demás ni a hacer felices a los demás, vine para disfrutar mis decisiones y mis actos y siempre elegiré disfrutar cada segundo con mi esposa y mi hija por sobre cualquier otra actividad.

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