El día que el blog iba a cerrar (parte 1)

El blog iba a cerrar. Recuerdo bien el día que me entró la duda de continuar. Estaba muy cansado de la consulta. Ese día estuvo particularmente difícil y me quedé con una sensación de tristeza y desasosiego. No podía dejar de preguntarme ¿cómo le hago para que mi hija nunca tenga que padecer este tipo de violencia que se ve a diario?

Qué puedo educar, al menos en ella, para que pueda identificar a tiempo algunas cosas y no confundirlas con ideas de amor romántico, con ideas de sacrificio y todas esas confusiones, que al final exponen a muchas personas al dolor que escucho todos el tiempo.

Ese día llegué apaleado del consultorio, como pocas veces no logré llegar a la cena. Cuando llegué ya estaban cenando y así todo apaleado a darle a lo que toca como papá, a lavar dientes, rutina de dormir, convivir con la familia y a la cama.

Al dormir a mi hija me quedé dormido en la parte inferior de su cama con sus pies en mis manos. Y de repente desperté, mejor dicho me despertaron mis ronquidos y ahí valió el blog.

¿La razón? Porque escuché mi voz interna recordándome que tenía que trabajar en el blog, que tenía que actualizar plugins, subir entradas, optimizar la página y un montón de tareas pendientes de este espacio y bla, bla, bla.

Y entonces me pregunte ¿para qué? estoy cansado, disfrutando estar aquí, escuchando la respiración de mi hija, sintiendo sus piecitos en mis manos y ¿tengo que renunciar a esto por el blog?

¿Por qué habría de dejar ir este momento para publicar? Dejarlo ir significaría un gran sacrificio, me quedan pocos momentos así.

Mi hija ya empieza a dar señales de que quiere más privacidad, de que quiere más independencia, de que ya se me está acabando la época de bañarla, de lavarle los dientes y arroparla para dormir.

Empieza a dar señales de que ahora será de buenas noches y bye, a su cuarto solita.

Al día siguiente me levanté con la duda del blog bien clavada 😉

¿Seguir o no seguir? Esa es la cuestión.

Los días siguientes la consulta no estuvo tan pesada, pero ahora se sumó que escuché varios hombres relatar ciertas interacciones con mujeres.

De eso derivó más inquietud, porque cómo le voy a hacer para educar a mi hijo de manera que nunca convierta a otro ser humano en un objeto y para que pueda tener una masculinidad saludable.

Básicamente mi mente estaba instalada en un cómo diablos tenemos que vivir en familia para que quede claro que ningún ser humano es un objeto, que nadie está por arriba de otros.

Cómo hacerle para que quede claro que todos somos diferentes y por eso mismo es que todos somos iguales.

no cambio esto por el blog
No cambio esto por el blog

Que vivimos en una sociedad donde todos somos iguales porque todos somos diferentes y que está bien no tener cosas en común, es decir, está bien ser diferentes.

Y estaba en eso mientras mi voz interna seguía recordándome que era necesario sacrificar esos espacios con la familia para publicar…

Nada más que ahora la duda se disipó, cerraría el blog. Me dije, mi mismo ¿sabes? Ya vas para casi 6 años en unos meses de esfuerzo de publicar (tal vez no como al principio), con entradas de calidad, que aporten al lector y no nada más sea para tener seguidores en Facebook.

Fuiste de los primeros, sino el primer papá bloguero, has tenido participación hasta con empresas como Netflix y Nestlé. Te buscaron para el día de la lactancia, para entrevistas de radio, para darte regalitos.

Diciéndome todo esto me empecé a sentir tranquilo, la duda se fue, el blog iba a cerrar…

Esta historia continuará…

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