Confieso que soy mal papá

Confieso que soy mal papá. La verdad pensé que tenía dominado el tema de la paternidad, luego decidí que si lo estaba haciendo bien con uno, podría ser buen papá con dos y… pues no, ni de cerca, ni en un millón de años, no pororó.

Básicamente ahora mis decisiones consisten en elegir qué voy a perder:

– o que se queme la sala o que se queme la cocina,

– que hagan berrinche dos horas o que se peleen entre ellos las mismas dos horas,

– que tengan los mismos juguetes y después peleen por eso o que cada quién tenga juguetes diferentes y que peleen por eso,

– si mi hija hace algo acorde a su edad y por lo mismo mi hijo no puede hacer eso… drama,

– si mi hijo hace algo acorde a su edad y mi hija ya no puede hacer eso…drama.

Es como ir en un barco de madera, con la cubierta en llamas, perseguido por Cthulhu, en medio de un huracán intentando hacer malabares en el mástil más alto, y si algo falla entonces es como ser peor que el mismísimo origen del mal.

Porque si algo me ha quedado claro es, que de entrada, haga lo que haga seguramente ya me equivoqué de maneras que no tenía idea que existían. Por lo que llegué a la conclusión de que soy mal papá.

Así confieso que he sido mal papá:

  • Confieso haber saboteado juguetes que tenían musiquita integrada para que dejaran de sonar.
  • Confieso haberme comido como “impuesto sobre los dulces” el 50% (o más) de su botín en fiestas, Halloween y demás actividades de recaudación de azúcar.
  • Confieso que he fingido trabajar nada más para tener unos minutos de paz y tranquilidad.
  • Confieso haber molido en algún platillo las verduras que odian para que se las comieran.
  • Confieso haber bloqueado contenidos de internet que ya me tenían harto después de miles de repeticiones…#malditofrozen.
  • Confieso que muchas veces sólo estoy contando las horas para la hora del baño como medida de que mi día está por terminar, y desearlo con todo mi ser.
  • Confieso que a veces pongo los límites por mis miedos e inseguridades sin darme la oportunidad de ver si realmente debería estar el límite.
  • Confieso que es más fácil ser permisivo que pelear por lo que hay que hacer.
  • Confieso que todos los días me pregunto si no me estaré equivocando, si no habrá un manera mejor de llevar mi paternidad.
  • Confieso sentirme culpable todas las noches, preguntándome si debí haber sido estricto o si debí dejar un cuento más o si debí hacer más o de menos.

Confieso que soy mal papá, pero definitivamente seguiré sumando puntos en mi confesión, porque de las cosas más increíbles que puedo vivir todos los días desde que me levanto hasta que me duermo es ser papá.

Si te ha gustado comparte...Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.