Yo quiero un dragón

Pasado el momento de avisarle a la gente que te importa que vas a ser papá, viene una fase extraña en la que te das cuenta que la gente habla por hablar y pregunta por preguntar. Muchas cosas suceden entre que te confirma el médico que efectivamente las pruebas caseras funcionan bien y te dicen el género del bebé.

En ese paréntesis vas a enfrentarte a la misma pregunta, una y otra, y otra, y otra vez, y tú ¿qué quieres tener?, pues te aviso que no importa lo que contestes nadie va a estar satisfecho, por ejemplo, si contestas que lo que importa es que nazca bien pues en automático te van a decir que eso es obvio, pero que no has contestado… si contestas directamente el género deseado te van a decir algo así como: ojalá, pero al final lo importante es que venga bien…¡nada más frustrante que eso! 

Al principio me confundía mucho que me preguntaran porque al parecer no lograba responder adecuadamente y para colmo de males no me agradaban las respuestas de los demás, si decía que quería una niña me decían que son maravillosas, más apegadas al papá y que fuera pensando en cómo hacerle para, cuando tuviera novi@, no ser celoso, para mis adentros yo solo pensaba ¿es en serio?

Si decía que quería un chico me contestaban que son muy lindos y apegados a la madre, que alguien podría transmitir el apellido de la familia y que al menos no me preocuparía por la adolescencia y los cambios corporales, insisto ¿es verdad lo que escucho?, ¿es en serio?

Claro que todo lo anterior era seguido por una serie de anécdotas contadas por todas las chicas presentes, refiriéndose a si fulanito tuvo un niño, pero que no se dejó ver en el ultrasonido hasta muy avanzado el embrazo, que si perenganito tuvo una niña de ojos color miel, que si sutanito sufrió mucho porque le dolían las piernas.

La realidad creo yo es que te preguntan por preguntar, te preguntan para ser corteses y pasar directo a hablar con la portadora del bebé. No te enojes ni te preocupes, eso pasa cuando vives en una sociedad donde la gente ha asumido que la crianza es exclusiva de las mujeres y que a los hombres nos fallan algunas habilidades, como poder escuchar cinco conversaciones a la vez y contestar adecuadamente en todas.

Es triste, pero cierto, nadie te pregunta quién va a cuidar al bebé o cómo te vas a distribuir las labores, nadie te pregunta cómo te imaginas cuando te entreguen a tu bebé, ni se te ocurra pensar que te van a preguntar si te da miedo o no. A nadie se le ocurre preguntarte sobre cómo te sientes o si necesitas alguien con quien compartir la ansiedad de enfrentar lo desconocido armado sólo con las historias familiares de cómo te criaron. Nadie va a ver más allá del momento feliz, así que aprovecha esto para jugar con tus respuestas y en vez de sufrir en la interacción sacarle provecho y bromear un poco.

Tal vez si hubiera sido congruente cuando me preguntaron y tú ¿qué quieres tener? Les hubiera contestado: yo quiero un dragón.

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