Sobre el privilegio. Carta #7

Querida hija,

Quiero aprovechar el momento político en el que vivimos para explicarte algunas ideas que me gustaría tuvieras en tu futuro. No pienso hacer polémica política ni meterme en una crítica a los candidatos, me gustaría hablar un poco de lo que rodea los temas actuales.

Una idea que te encuentras en la gente es que “si yo he llegado con mi esfuerzo hasta donde estoy, entonces cualquiera puede hacerlo” y en algunos casos esa idea se continúa con la sentencia de que “los que no lo hacen es porque no quieren o son –inserta adjetivo despectivo-“ 

De hecho te topas con gente que habla de otros con expresiones como: “en su inútil vida no ha logrado nada, porqué le voy a dar de lo mío”.

El tema que hay atrás de todas estas ideas es el privilegio. El no tan invisible privilegio entre las clases sociales. Cuando hago referencia a este privilegio me refiero específicamente a esas oportunidades que por pura casualidad tenemos.

Esa casualidad va desde el lugar y tiempo en el que naciste hasta la familia de la que vienes. Claro que no está mal tener esas oportunidades ni caer en el absurdo de sentirnos culpables por tener dichas ventajas.

El tema es reconocer que cuando juzgamos, fracasamos o tenemos éxito lo hacemos desde el privilegio y que sin él estaríamos exactamente igual que aquellos a los que criticamos.

Hace unos renglones mencioné el término clase social, me parece justo que lo definamos. La clase social es una estratificación social en la que sus integrantes comparten alguna característica o situación que los asocia socioeconómicamente.

Esto quiere decir que su posición social, poder adquisitivo, comportamiento, representación de ideas, afinidad de costumbres, los agrupa en una clase social.

Como ves cuando criticamos a “los otros” desde nuestra posición, estamos criticando desde el privilegio que tenemos y que obviamente está dado por el azar.

Cuando alguien se mete con el privilegio que las personas tienen, normalmente se vive como algo que amenaza y por lo tanto se ponen en contra de quien o quienes amenazan esa comodidad.

La gente no es pobre porque quiere, el “chairo” no es una sanguijuela social como lo pintan y definitivamente si alguien piensa así de despectivo, sólo está juzgando desde su burbuja de privilegio, está juzgando desde su ignorancia.

Hace tiempo uno de mis pacientes favoritos (efectivamente los terapeutas tenemos favoritos) me compartió una frase que me dejó helado:

“ellos somos nosotros si nos quitan lo suficiente”

Deja que esa frase entre en tu ser y te darás cuenta de que no existen “los otros”, no existen “los chairos”, “los huevones”, “las lacras sociales” esa división es un invento para manipular discursos.

Pero habrá quien argumente que estoy mal porque esa persona nunca sería capaz de cometer un delito… Evidentemente no, porque su posición social no lo orilla a eso, porque la sociedad no lo ha desesperado y abandonado al grado de tener que robar para vivir.

Aunque te cueste trabajo comprenderlo “los malos” existen porque nosotros como pueblo, como sociedad, como instituciones estamos haciendo algo mal. Existen porque les hemos fallado.

Cómo le tiene que ir a un ser humano desde chiquito, qué ambientes deben de configurarse para que de adulto no pueda sentir empatía por el otro y le sea fácil atracar o hasta matar.

Tal vez mis palabras no te impacten mucho, pero desde que llegaste a nuestra vida tu mamá y yo nos dimos cuenta de esto. De que te podemos dar las oportunidades que podemos por el privilegio, por la suerte y que nunca estas oportunidades han sido porque seas o seamos superiores… ellos somos nosotros…

“En este mundo el odio nunca ha erradicado el odio, sólo el amor disipa al odio… esa es la ley” Dhammapada

Nuestros tiempos se caracterizan porque la identidad de grupo se ha ido diluyendo, ahora el máximo reconocimiento se lo damos al “yo”. Caemos en la adoración del yo y lo evaluamos por nuestro trabajo, por nuestro nivel de consumo, por la educación, la residencia, el teléfono que tenemos y todo lo que se te ocurra que se valora en la actualidad.

Y justamente ese es el problema, porque para ser reconocido, para valer, necesitamos cubrir con esa lista de requisitos.

Ahora resulta que valemos como piezas de la máquina de producción. Si no cumples con eso entonces perteneces al grupo “de los otros”, al de los malos, a la amenaza.

Mientras pensemos así, el nosotros no existirá y no seremos capaces de empatizar con el sufrimiento de la gente que nos rodea.

No se te olvide que por el simple hecho de existir un ser humano vale por pleno derecho. Es digno desde que nace, sus pensamientos, sus expresiones sus conductas valen porque existe.

Debemos luchar porque todos logremos el pleno reconocimiento de nuestra existencia. Cuando la gente vale por lo que tiene o hace, entonces ha entrado de lleno en la trampa de nuestra sociedad: se pasará la vida buscando ese reconocimiento, esa dignidad.

“Si la genealogía plantea por su parte la cuestión del suelo que nos ha visto nacer, de la lengua que hablamos o de las leyes que nos gobiernan, es para resaltar los sistemas heterogéneos, que, bajo la máscara de nuestro yo, nos prohíben toda identidad.”

Michel Foucault. La microfísica del poder

 

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