¿Sabes comunicarte?

Las clases de equidad de género tendrían que preocuparse más sobre los estilos comunicativos de las personas. Esto bajo la idea de que simplemente hombres y mujeres tenemos diferentes maneras de comunicarnos y afrontar los problemas. 

Yo espero que más de un compañero me apoye en este flujo de ideas, pero al menos en mi círculo social sí nos ha pasado y más de una vez que nos topamos con los temas o preguntas que nuestras parejas nos hacen y que simplemente no vamos a saber qué hacer.

¿Qué blusa se me ve mejor?, ¿notas algo diferente en mí?, ¿qué opinas de mi amiga fulanita?, ¿se te antoja un café?

¡no hay manera de salir bien librados de esas preguntas! ¿o sí?

Lo que tenemos que entender es que hombres y mujeres nos comunicamos de manera distinta, nuestra visión del mundo está basada en cómo está conectado nuestro cerebro y nos guste o no, tenemos cerebros diferentes.

Comunicación
Comunicación

Vamos a reflexionar sobre lo anterior, las niñas aprenden a hablar (en general) antes que los niños, hablan mucho mejor, se les entiende más y para los tres años de edad tienen cerca del doble del vocabulario que los niños, hasta donde tengo entendido el género masculino llena más los espacios de los consultorios de terapeutas del lenguaje que las niñas.

Esto no es para tomarse a la ligera cuando me reúno con mis amigos para jugar en la computadora y mi esposa me pregunta sobre cómo me la pasé se sorprende que le conteste ¡bien! Y cuando me pregunta sobre lo que hablamos… pues la cosa se complica, porque parece que le genera un corto circuito mi respuesta, ejemplo:

Ella: ¿cómo te fue?

Yo: ¡muy bien!

Ella: … (con cara de que mi respuesta tiene deficiencias)

Yo: ¿pasa algo?

Ella: ¡Platícame más! De qué hablaron? ¿Quiénes fueron? Ya sabes, comunícate más

Yo: (con cara de que acabo de entender perfectamente) ¡claro! Pues fue Mengano, Sutano, Perengano y Fulano, nos la hemos pasado genial aunque perdimos todas las partidas.

Ella: (ya un poco más relajada) ¡qué bien! Y ¿qué te cuentan?

Yo: qué me cuentan de qué… (con toda la inocencia comunicativa de mi género)

Ella: de sus vidas… chance…

Yo: mmmmm… la verdad es que no nos preguntamos eso…

Ella: (con ojos de terror por mi respuesta), ¿entonces no hablaron?

Yo: pues sí, pero no nos preguntamos esas cosas…

Ella: entonces no hablaron.

Yo: (francamente confundido) pues sí, nos preguntamos al principio que como estábamos, nos dijimos que bien o regular o mal dependiendo de cómo nos sentimos y nos sentamos a jugar. Eventualmente preguntábamos si había más chelas o si había más pizza o que quién había fumigado el baño… ¡en serio no me veas con esa cara! ¡Fue una excelente reunión!

Este es un discurso muy genérico, pero estoy seguro de que la idea queda clara, si los papeles hubieran sido diferentes las amigas sabrían hasta la cantidad de veces que el marido ronca por la noche, el color de los zapatos nuevos de la suegra del vecino del tío, si salió o no bien el proyecto (del que todas ya estaban enteradas) de una de sus amigas.

Los hombres no evolucionamos para hablar, evolucionamos para la cacería y salvo ciertas instrucciones y avisos no era necesario estar platicando cuando perseguíamos al animal, bastaba con avisar rápida y concretamente el asunto.

Cerebros diferentesLas mujeres por su parte tienen mejor desarrollada la zona del habla, reconocen más patrones verbales y les es mucho más sencillo generar constructos e ideas y comunicarlas, nada más observa lo que dicen los jugadores de futbol al terminar un partido y dime si les entendiste algo de lo que quién sabe quisieron decir.

Otra diferencia importante entre nuestros cerebros tiene que ver con el hecho de cómo almacenamos la información, para el cerebro masculino es muy fácil archivar los ítems de manera separada y dejarlos ahí… pero a las mujeres les cuesta trabajo, por lo que terminando el día de todos modos los temas les quedan dando vueltas en la cabeza.

Muchas veces la mejor manera que tiene la mujer para librarse de sus problemas es hablando de ellos (ojo amigo lector del sexo masculino) por lo que muchas veces cuando las mujeres hablan y hablan y hablan de sus problemas no es que estén buscando soluciones, están buscando soltar el tema, es decir librarse de él.

Veamos un ejemplo de lo anterior:

Imagínate la escena de los cuates jugando cartas…

Mengano: mi coche tiene un ruido cuando frena.

Perengano: puede ser la tolva, ve al taller de Fermín y que te lo arreglen.

Sutano: si no es la tolva checa que no sea un buje, esas cosas se rompen con facilidad.

Fulanito: ¿y ya revisaste que no sea del sistema de soporte de motor? ¡No se te vaya a caer!

Todos: risas estridentes.

Mengano: pues sí, lo llevaré al taller a ver qué es.

Esa plática en el mundo masculino es perfectamente comprensible, no le falta información, todos siguieron jugando cartas felices de la vida y con la tranquilidad absoluta de que han tenido una excelente, fructífera, riquísima charla de profundidad.

Pero, si cambiamos un poco los papeles tenemos problemas:

Ella: el coche suena cuando freno.

Esposo: llévalo al taller.

Ella: es que no me dejas hablar, no te interesa lo que sucede, no estoy pidiendo soluciones…

Esposo: silencio sepulcral…

Nada frustra más a una mujer que cuando le pregunta a su pareja qué le sucede él conteste nada y nada frustra más a un hombre que cuándo la mujer comenta un problema se enoje ella de que le dan una solución.

Todo esto tiene que ver con lo que mencionaba, los hombres archivamos y olvidamos, las mujeres hablan para archivar/soltar.

Lo mejor que podemos hacer en pareja es platicar sobre las diferencias comunicativas que tenemos y abrirnos a entender que esas diferencias no limitan sino que enriquecen; además si somos capaces de reconocer estos temas podremos ser capaces de modificar nuestras conductas.

Tal vez tú amigo lector del sexo masculino te podrías evitar la sugerencia de solución y solamente limitarte a escuchar y cuando creas/veas que ya se le acabó el discurso preguntarle si quiere escuchar alguna propuesta de solución.

Y tú amiga lectora talvez podrías ser un poco más paciente con las respuestas que recibas, en verdad cuando decimos nada es porque o en verdad no tenemos nada o no sabemos que tenemos algo, lo que nos lleva a creer que no tenemos nada.

Así que como puedes ver la comunicación es algo que tenemos que practicar y no asumir que sabemos cómo hacerlo. Es necesario sentarse con paciencia a intentar comprender el mundo del otro para poder llegar a soluciones.

Yo sólo espero que cuando llegue ese momento me acuerde de esta entrada y no me sienta acorralado por mi esposa y por mi hija.

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