Prisioneros del odio. 2nda parte

Hola hija,

En esta segunda parte tengo la intención de explicarte el porqué la gente hace lo que hace y porqué somos capaces hasta de negarle derechos a otros seres humanos.

Aunque no lo creas la respuesta es en extremo sencilla, pero a su vez es bastante complicada de comprender en su alcance.

Por si te da flojera leer otra entrada larga, pues la respuesta es que hacemos lo que hacemos y nos molesta lo que nos molesta por (redoble de tambores): ¡lo que pensamos!

¡Listo! ya puedes dejar de leer, gracias por leer esta carta, nos vemos en la siguiente entrada. 

¿Sigues leyendo? así que la curiosidad puede más que la respuesta sencilla ¿eh?, bien, entonces espero disfrutes el resto de este escrito.

Con todo y lo deslumbrante que puede ser el pensar que hemos estado en la luna, que tenemos una sonda que ya salió del sistema solar, que hemos erradicado enfermedades enteras que antes diezmaban poblaciones, en nuestra sociedad plural todavía nos dividen los prejuicios, la discriminación y el racismo.

Para entender un poco el porqué la gente se ataca y porqué puede existir un movimiento que aboga por la familia (según ellos) tienes que entender una premisa básica:

Las personas no son perturbadas por los eventos, sino por la opinión que tienen de dicho evento. Epicteto

Básicamente lo que pasa no es que las parejas homosexuales causen un daño real, lo que pasa es que las personas PIENSAN que causan un daño real, no es que la libertad sexual genere libertinaje y problemas en los adolescentes como dice la iglesia, es que la iglesia PIENSA que eso es lo que sucede realmente.

A partir de lo que pensamos es lo que sentimos y a partir de lo que pensamos es cómo movilizamos nuestros recursos para emitir una conducta.

Las imágenes negativas que la gente tiene de otras personas, como por ejemplo los católicos contra la familia homoparental, hacen que se confunda la imagen con la persona.

El problema es que la gente que está en conflicto percibe y reacciona en consecuencia ante la amenaza que le inspira la imagen, más que ante la valoración realista “del adversario”.

Casi todas las imágenes negativas consisten en una imagen peligrosa, rencorosa y malvada del adversario.

Como puedes revisar en los discursos y en las noticias, la gente en contra del derecho civil de matrimonio sin importar con quién te cases, es pintada como agresores de “la buena moral” que atentan contra lo “que naturalmente debe de ser”.

Cuando una persona percibe que bien ella misma o un valor sagrado está siendo injuriado o amenazado aparece un pensamiento categórico y doble.

Este pensamiento se llama pensamiento primario.

Cuando se activa este tipo de pensamiento primario o primitivo automáticamente la gente se prepara para atacar, para defender su tan estimado valor.

Esta actitud hostil pasa a controlar la mente y desecha otras cualidades humanas como la empatía y la moralidad.

Lo peor del asunto es que se activa el mismo tipo de pensamiento cuando el agresor actúa en grupo o cuando actúa solo, al menos que algo interrumpa la hostilidad sigue una secuencia que se inicia con la percepción de la transgresión, como lo es que se proponga la ley de matrimonios igualitarios; se sigue con la preparación, como lo son los discursos de odio desde el púlpito; se pasa a la movilización, como las marchas que vimos y termina un ataque real, como lo vemos con los homicidios de género o por preferencias sexuales.

Pero podrías preguntarte porqué a pesar de que se les explique esto simplemente no entienden ¿no? Lo que sucede es que cuando las personas tienen este tipo de procesos mentales los actos crueles sólo existen para el observador externo (como tú o como yo) y no a los ojos de aquel que lo comete, es decir según los agresores (como el frente por la familia) ellos son los agredidos y los otros los agresores.

Los agresores están firmemente atrincherados en su creencia de que su causa es la justa, de que son sus derechos los que han sido violados: el objeto de su cólera, la víctima verdadera para los observadores indiferentes, es vista como el agresor para los acosadores.

Por lo anterior es que me disgusta mucho el pensamiento religioso, porque cuando le pones un poquito de ciencia cognitiva, te das cuenta de qué propaganda vende.

Y que conste, no me opongo a que la gente crea en un dios o en un sistema de creencias en particular.

El problema está en que la religión con su entusiasmo por la formulación de juicios dualistas (como lo son lo bueno contra lo malo, el cielo contra el infierno, lo santo contra el pecado, dios contra el diablo), exageradamente generalizados y valorativos refuerzan la tendencia de las personas a juzgarse a sí mismos y a los demás de un modo sesgado o distorsionado, el bien frente al mal, lo bueno frente a lo malo.

Este pensamiento crea problemas tanto en las relaciones interpersonales como intergrupales.

Regresando un poco al pensamiento primitivo lo que sucede, por ejemplo, en los ataques personales injustificados que surgen del fanatismo, la intolerancia y el etnocentrismo o la invasión militar, está presente el mecanismo de pensamiento primitivo.

Por un lado la comisión categórica absoluta y por el otro lado la el menosprecio y olvido de la identidad humana de las víctimas.

Todas y cada una de las personas a las que me refiero presentan un tipo de mente que llamaremos mente cerrada.

La mente cerrada es impermeable a la información contraria a sus creencias tan cargadas emocionalmente y encerradas dentro de un marco rígido.

Ciertas condiciones parecen contribuir a que la mente se cierre: sentirse incapaz y miserable, vivir en un lugar solitario, temer al futuro y buscar siempre alguien que te salve de los problemas.

El grado de rigidez del pensamiento está en función de la tensión que ha sufrido, las presiones externas que aumentan el deseo de obtener la aprobación del grupo o de ciertas autoridades.

Además tienden a congelar las creencias que las personas con la mente cerrada y la inducen a rechazar a quienes tienen creencias distintas, las amenazas externas hacen que el pensamiento de una persona se vuelva más rígido y categórico y que sea menos propensa todavía a formular un juicio independiente de las expectativas del grupo o de la autoridad.

Por el contrario, la mente abierta se caracteriza por la habilidad de valorar la información según sus propios méritos sin que se interpongan sus afiliaciones y creencias personales, es decir, la gente puede valorar la información más allá de si son religiosas o no, de si pertenecen a alguna asociación en particular, nacionalidad, etnia y demás factores que pudieran condicionar su pensamiento.

Lo anterior se traduce en que las personas que tienen mente abierta tienen una característica aprendida importantísima: el pensamiento crítico.

Para no quedarme en una explicación simplista de la mente cerrada es necesario que te comente que existe una relación entre la rigidez del pensamiento, la ideología y el prejuicio.

¿Qué onda con los prejuicios?

Para empezar hay que aclarar que tenemos prejuicios cognitivos y prejuicios morales.

Los prejuicios cognitivos son los juicios estereotipados de un grupo de generalizaciones erróneas (como que los de monterrey son codos), la adopción de actitudes sociales a pesar de la evidencia del objeto contradictorio y el error fundamental de atribución.

Es decir que son ideas muy generales que tienen actitudes hacia el objeto del prejuicio, a pesar de que exista evidencia de que la percepción es equivocada y además conllevan un error (error fundamental de atribución) el cual consiste en atribuir a motivos personales internos lo que hacen los demás dando poco peso a motivos externos, tales como el rol social (incluyendo el rol de género) o la situación.

El prejuicio moral consiste en la atribución de un conjunto diferente de derechos, principios de justicia y juicios de valor básico que dependen el estatus social, de la raza, la etnia o de otro tipo de sociedad.

Desafortunadamente es muy complicado que alguien logre convencer a las personas cuando están pensando de esta manera, intenta razonar con ellos y verás que frustrante es, además de que lo más probable es que termines discutiendo lo que generará en ellos y en ti el convencimiento de que los otros están mal. Así que cada quién va a creer con más fuerza que tienen la razón.

Los esfuerzos para controlar las tendencias destructivas de una forma más duradera deberían orientarse al sistema primitivo de creencias que crean la imagen de la víctima como el mal… efectivamente aquí las víctimas son todos los seres humanos que están viendo agredidos sus derechos civiles, y efectivamente el agresor son los del frente de la familia.

También debe de orientarse el esfuerzo al sistema de normas que dictan que esta persona debe ser castigada y el permisivo sistema de creencias que hace caso omiso de las normas en contra del maltrato a otros seres humanos.

Con todo lo mencionado puedes ver que el problema real está en la dimensión psicológica, estas personas se sienten agraviadas y no se dan cuenta que ellas son los agresores, que ellos son los que están viendo al otro como el malo y que se refuerzan sus creencias en su cámara de resonancia como lo es el grupo en el que se mueven.

Si te ha quedado claro todo lo anterior podrás ver que en lo psicológico la siguiente pregunta aclara mucho:

¿Sabes qué tienen en común Trump, Hitler y Norberto Rivera? que tienen la misma psicología, piensan exactamente igual.

Hasta este punto podrías decir que soy medio negativo, que sólo le veo lo malo a las cosas, que ataco la religión y que soy un anarquista de izquierda… toooooodo eso ya me lo han dicho…

Pero, la realidad es que como verás en la educación que recibas en esta hogar, creemos firmemente en el amor, pero no creas que en el amor romántico, cursi y apasionado, como verás creemos en el amor como algo real, como algo que nos integra.

Por ejemplo, a mí me encanta el amor como lo definimos en ciencias cognitivas, te lo explico con un mega “copy, paste”:

“El amor no es una cualidad o un don, sino que como fenómeno relacional biológico, consiste en las conductas o la clase de conductas a través de las cuales el otro, o lo otro, surge como un legítimo otro en la cercanía de la convivencia, en circunstancias en que el otro, o lo otro, puede ser uno mismo.

Esto, entendiéndose que la legitimidad del otro se constituye en conductas u operaciones que respetan y aceptan su existencia como es, sin esfuerzo y como un fenómeno del mero convivir.

Legitimidad del otro y respeto por él o ella, son dos modos de relación congruentes y complementarios que se implican recíprocamente.

El amor es un fenómeno biológico propio del ámbito relacional animal, que en los mamíferos aparece como un aspecto central de la convivencia en la intimidad de la relación materno-infantil en total aceptación corporal. ”

Nos enfermamos al vivir un modo de vida que niega sistemáticamente el amor. (H. Maturana)

¿Le cachas? cuando en tu mente el otro ser humano existe legítimamente como es, sin juicios ni condiciones, entonces estás amando…

Además y para colmo sí vas a tener contacto con religión en casa, al menos por mi parte conocerás lo que pueda darte del Budismo.

Y en ese camino el amor no es algo que se da nada más porque sí, tienes que practicar diario y demostrar día con día que mejoras como ser humano.

Cierro esta carta con un texto que demuestra lo mucho que debemos de amar al prójimo para poder vivir felices, en contento, ecuánimes y libres de apegos inútiles.

Karaniya Metta Sutta

Sutta de la compasión universal

Esto debe hacer quien es sabio en bondad para conseguir el camino hacia la paz:

Se debe ser honesto y capaz, sincero y de charla apacible,
humilde y no vanidoso, contento y satisfecho con facilidad,
aliviado de excesivas obligaciones, viviendo de manera sencilla.
Pacífico, tranquilo y hábil, sin un carácter orgulloso ni demandante.
No se debe hacer la mínima cosa que personas más sabias pudieran reprobar.

Desear el contento y la seguridad para que todos los seres estén bien y a salvo,
ya sean débiles o fuertes, sin omitir a ninguno.
Grandes o medianos, pequeños o diminutos, así como visibles o invisibles,
vivan cerca o lejos, existan o estén por existir.
¡Que todos estén bien!

Que uno no engañe al otro, que no haya desprecio entre ellos.
Que ninguno por engaño o mala voluntad desee el daño al otro.
Tal como una madre protege con su vida a su único hijo,
del mismo modo y con un corazón ilimitado
así es como se debe querer la protección de todos los seres vivos:
irradiando bondad sobre el mundo entero, enviándola hacia arriba hasta los cielos,
y hacia abajo hasta las profundidades; alrededor y a todas partes, sin límites.

Y así, estando libre del odio y de la mala intención,
cuando se esté de pie o caminando, sentado o tumbado,
libre de la pereza se debe mantener esta consciencia ilimitada.
Esto es la sublime morada.

Al no mantener ideas preconcebidas, se tiene el corazón purificado,
y teniendo claridad de visión y estando libre de la esclavitud de los sentidos,
no se renacerá de nuevo en este mundo.

La manera de evitar meter la pata tan masivamente cuando opines sobre la vida de los demás es intentar pensar bien, por eso te recuerdo que lo mejor que puedes hacer es aprender a pensar elegantemente (aquí hablo de eso). Así que por el momento te agradezco que hayas llegado hasta esta parte de la carta y no dudes en preguntarme algo si tienes dudas, o decirme algo si te ofendí. ¡Saludos!

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