Lo que aprendí al ser papá de una niña

Siempre seré un padre primerizo, ya que al tener sólo una hija todo lo que ella haga, todas las etapas por las que atraviese, todos sus problemas, necesidades, retos y demás, serán siempre mi primera vez.

Oficialmente estamos a días del cumpleaños de mi hija y me cuesta un poco de trabajo dimensionar ya han pasado 3 años desde que nació, pero aunque no los sienta basta con ver las fotos para ver cómo ha cambiado TODO día con día.

También este blog ya se acerca a su cumpleaños, ya tengo que actualizar el dominio para iniciar su tercer año de vida, con los dos cumpleaños en mente es que decidí realizar esta entrada.

Hay lecciones de vida que sólo puedes aprender desde la paternidad y pensé –hay muchos blogueros como yo ¿tendrán las mismas ideas y lecciones?- Así que me aventé un clavadito a buscar lecciones en otros sitios, sólo para sentirme conectado con la comunidad, sin embargo me decepcioné.

Aun buscando en blogs de otros países resulta que la información está copiada al puro estilo presidencial y no encontré nada que realmente compartiera mi sentir, sin embargo para subirme bien al tren pues copio aquí “con errores de estilo” ya me bajo del tren del mame los puntos más copiados entre blogs:

  1. Nadie me avisó de que empezaría a fijarse en chicos tan pronto.
  2. Nadie me dijo lo mucho que podía enamorarme de mi mujer.
  3. Nadie me dijo que las canciones de cuna son las mejores canciones jamás escritas.
  4. Nadie me dijo lo que disfrutaría de la manicura, las fiestas de chicas, las exploraciones por el armario, los bailes repentinos, las cajas de pasteles y las muñecas.
  5. Jamás me dijeron que en el instante en el que la viera por primera vez, la preocupación por mantenerla alejada del dolor se apoderaría de mi para siempre.
  6. Jamás me dijeron que me convertiría en todo un feminista.
  7. Jamás me dijeron lo vulnerable y sensible que me volvería.
  8. Jamás me dijeron que mi corazón ya no me pertenecería, que latería sólo para hacerla y verla feliz.
  9. Nadie nunca te dice que todos los intentos previos por entender la anatomía femenina serán totalmente inútiles gracias a un simple cambio de pañal.

De hecho la copiadera llega al extremo de que todos tienen la frase:

“La experiencia consecuente de cambiar un pañal lleno de popo de una niña es abrumadora. Literalmente, estaba de pie frente a mi hija con una toallita en una mano y una lupa en la otra, retirando con una precisión quirúrgica cada mancha de caca que podía encontrar.”

Pero, después de leer lo mismo llegué a una encrucijada, o yo no tengo experiencias como los otros papás o mi hija no es de este mundo o la tercera opción es que la misma persona tiene el poder sobre todos los blogs que leí.

En lo que descifro este rollo te comparto algunas de las cosas que YO he aprendido siendo papá de una niña.

Las niñas son fuertes.

No me refiero a un punto políticamente correcto, me refiero a que descubrí que mi hija tiene más fuerza y francamente más valor que yo (iba a poner que tiene más huevos que yo, pero no quiero ofender a nadie).

Le enseñé a jugar “tope borrego” y la verdad la última vez que jugamos el que se rajó al tercer tope fui yo, porque le vi la intención, el aguante y la fuerza para realmente ganarme la partida, así que apliqué una retirada técnica.

Las niñas son bruscas.

Créeme cuando te digo que me he llevado dos que tres trompadas y mi hija no paraba de reír. La idea de que las niñas son tiernas y los niños bruscos es una tontería.

Deberías ver a mi hija aventarse desde la tercera cuerda para caer encima de mi estómago cuando ya estoy en el suelo pidiendo esquina.

Las niñas no se están quietas.

La siguiente ocasión que alguien me diga -eres afortunado porque tienes una hija y las niñas se quedan quietas más tiempo- le voy a meter un calcetín en la boca (con todo y pie).

Las niñas también son muy activas, mi hija corre, brinca, grita, grita, grita, grita, grita y creo que no les he dicho que grita, se esconde, persigue al perro, se quita los zapatos, se quita los calcetines y corre descalza, se sube a los juegos, se avienta por la resbaladilla, busca jugar futbol, quiere ver T.V., jugar x-box conmigo, persigue al perro y cuando todo esto se acaba reinicia el círculo.

¡Que las niñas son tranquilas! Puro mito sobre el condicionamiento de género, por cierto, ¿dónde venden pilas para papá?

Las niñas juegan brusco y les gustan los deportes.

las niñas también juegan a los deportes
niñas y niños juegan deportes

Esto no es de género, pero me sorprendí cuando me di cuenta que así me lo habían hecho creer. Esto es cuestión de convivencia, de cómo los trates. Mi hija ve el futbol le gusta ir al estadio y hasta ubica la playera de su equipo favorito ¡vamos América!

Las niñas también juegan con juguetes como las pistolas.

Eso de que “hasta los más dulces les gustan las pistolas de juguete” hablando de varones es un sesgo de género.

Aprendí que mi hija también disfruta de un buen tiro al blanco, de hecho aprendí que tiene buena puntería y francamente pienso que debe de aprovecharlo. Nada como el placer de lanzar una goma y certeramente centrarse un objetivo.

Las niñas también necesitan sentirse fuertes.

La fortaleza no es de los hombres, he aprendido que mi hija se siente de orgullosa cuando halago su fuerza, su destreza, su agilidad y su arrojo-coraje-valor-temeridad.

Aprendí que también para las niñas es importante sentir seguridad en la posibilidad de poder confiar en sus propias fuerzas y no en emociones “de princesas”.

Todo lo que creía saber sobre las mujeres está equivocado.

Básicamente, desde convivir con mi pareja hasta el apreciar día con día el crecimiento de mi hija, he visto la cantidad de mitos y leyendas que traigo en el disco mental sobre cómo funcionan las mujeres y sobre cómo somosí se puedes los hombres. Me he olvidado de esos mitos de que el hombre debe de ser medido con las tres “F´s” Feo, Fuerte y Formal.

Tener una hija me ha hecho replantearme hasta la relación que tengo con mis emociones, porque francamente si vienes de una educación tradicional no estás preparado para el momento en el que tu hija llega, te toma de la mano, le da un beso y te dice –te amo papá- y se da la vuelta y sigue jugando tan campante como si no hubiera pasado nada.

Desde una educación tradicional no estás preparado para reaccionar desde la igualdad, desde la realidad de lo que creemos de las niñas y los niños SON MITOS. Mi hija no es fan de las princesas, no juega nada más al té.

Mi hija juega con carritos y con muñecas, juega con su cocina y con su set de herramientas, juega con sus bebés y con una pistola (épicamente supervisada), mi hija quiere correr, brincar y aventarse desde lo más alto y también quiere mimos y apapachos.

Pues esto es lo que te quiero compartir desde mí actuar como papá de una hija,  un aprendizaje que me ha llevado a cambiar mi manera de ver la diferencia de género y definitivamente un aprendizaje que me ha llevado a re-aprehenderme en muchos niveles.

 

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