Lo masculino, lo femenino y el rol de papá

Esta entrada la escribí pensando en quejarme amargamente de la educación y de las diferencias de género, hay cosas que observo en la relación de mi esposa y mi hija que no comprendo, lecturas que mi esposa da del comportamiento de mi hija, que hasta que ella las dice entiendo qué es lo que pasaba por mis ojos…  todo esto se lo quiero achacar a la falta de habilidades producto de la educación, así como suena, me voy a quejar del género. 

Cuando tuve a mi bebé en casa, ya que todos nos habían visitado, apareció por mi mente la pregunta ¿y ahora qué sigue? No es fácil contestar la pregunta porque por un lado, al menos en mi caso, fui educado de forma relativamente machista-tradicional. Para que te des una idea llegué a escuchar enseñanzas como: “los hombres en la cocina huelen a caca de gallina”, nunca he olido caca de gallina ¡qué diablos quisieron decir! O escuché frases como “los hombres deben de ser educados por las tres F´s (Feo, Fuerte y Formal)”.

Como podrás imaginarte mi desarrollo emocional y social, fue bastante del tipo “los hombres no lloran y si te has de morir será siempre en la línea de la verdad” ¿en serio? Nadie dice la verdad, pero me aventaron esas reglas (si algún familiar está leyendo esto, por favor leer esta entrada para evitar enojos mayores).

Así que llegado el momento de “la rutina” me topé con que tenía a mi esposa y a mi hija, unas ganas impresionantes de irme a trabajar, cuando mi bebé lloraba yo sentía algo demasiado incómodo en mi ser y ni se diga reconocer el hecho de que no tenía ni la más remota idea de cómo ser papá, a la fecha no la tengo, pero descubrí que los niños sí traen manual incluido así que sólo lo leo y ya.

Para entender un poco lo que me pasó al darme cuenta que tenía ahora dos chicas en casa y que si con una a veces me es difícil comunicarme, ahora con dos… TERROR… voy a dar un poco de vueltas a esto y lo abordaré desde la masculinidad, entendiéndola como una construcción de algo llamado arquetipo, el cual es un patrón o modelo de una clase que sirve de ejemplo a seguir.

Estos patrones tienen mitos y leyendas, los cuales aunque forman parte de nuestros chistes machistas/feministas realmente impactan en cómo nos relacionamos con las mujeres. El primer elemento que podría señalarte es que la masculinidad se piensa como algo que a fuerza tiene que ser antifemenino o lo no-femenino, diría que en esto se resume todo lo masculino, pero haré lo posible por demostrar que también tengo desarrolladas mis capacidades verbales je je je.

Lo anterior es la forma más primitiva/fundamental desde donde construimos la identidad en el mundo masculino, básicamente es seguir la regla: un varón no puede ser como una mujer, debe de ser su opuesto. Así que observa qué problema tenemos en frente, venimos de una mujer y en algún punto nos dicen que tenemos que ser todo lo contrario a la mujer para después quién sabe cómo reidentificar a la mujer para poder enamorarnos sanamente de ella y formar una pareja… es bien fácil ¿no? Pues obvio no…

Claro que de esto no te das cuenta hasta que tienes una hija, te aseguro que si te involucras en el cuidado de tu hija vas a ver todo esto en lo más profundo de tu ser y al menos yo, me enojo cada vez que voy a las jugueterías y veo que la sección de niñas está diseñada para que no desarrollen habilidades más allá de cuidar a otro… en serio me enoja de sobremanera. Además de que puedo ver que en el área de niños ningún juguete está diseñado para ayudar a la correcta identificación del abanico emocional, de hecho, casi todos solo promueven las emociones “masculinas”.

Retomando mí queja-discurso-clase si lo masculino es lo contrario a lo femenino y lo femenino es a su vez lo relacionado con la emoción ¡tómala! ¿Porqué? ¡Por qué los hombres no lloran! De esto nace toda la discapacidad emocional que tenemos y lamento compañero, decirle al mundo estas cosas porque entonces le resto puntos a tu man-card aunque sospecho que por escribir este blog yo creo que hasta me vetaron del club…

De todo esto puedes ver casi de forma evidente que de toooooodo el abanico emocional posible quedamos acotados sólo a unas cuantas emociones netamente masculinas como lo pueden ser el enojo, la hostilidad, el ser cínico y las que se te ocurran que puedes mostrar con tus cuates en una noche de póquer.

Obviamente descartamos que te sientas triste de que te quitaron tu dinero, si eso pasa te enojas, demuestras que perdiste porque así estaba planeado (nunca muestras que fue por tonto, eso son puntos menos en tu man-card) y pasado el momento de burla de todos te subes al juego otra vez aun sabiendo que si pierdes te vas a pie… pero no puedes no hacerlo, eso sería rendirse y no competir, así que si quieres seguir en el club no te queda más que pedir otra chela aunque ya no puedas ni seguir bebiendo ni jugando.

Con el ejemplo anterior se abre la puerta a otra regla de la masculinidad que es identificar lo fuerte, lo masculino con el éxito, deberías ver la cara de algunos amigos cuando digo en voz alta que no me molestaría que mi esposa me mantuviera, insisto ya me vetaron del club.

Retomando, esto del éxito está básicamente relacionado con la capacidad de poder adquirir o proveer de recursos a la familia o a uno mismo, entonces si eres buen proveedor ¡eres buen hombre! Por eso a veces nos sorprende cuando nos piden algo más porque al final nuestra programación nos dice que hemos cumplido ¿nos faltó algo?, pero no se queda ahí el asunto, porque el éxito viene acompañado de la competencia, nada como saber que te llevaste el premio y el otro se llevó absolutamente nada de nada para sentirse muy bien, bueno sí se llevó algo, el recuerdo de que tú le ganaste.

Por eso puede ser que te hagas pelotas entre dedicar mucho tiempo a alcanzar una meta (estas buscando ganar) y que te digan que no pasas tiempo con la familia, o que no das más de ti cuando ya cumpliste con ser proveedor. Esto a mí me pasa también, sin embargo mi esposa ha sido lo suficientemente tolerante como para darme chance de ver que aunque ya haya trabajado mucho mi hija me busca, me abraza y que no regresar esas conductas realmente es no cumplir con mi rol de papá.

Los varones simplemente no aprendemos a platicar sobre nuestras dudas, no aprendemos a expresar nuestra ignorancia y mucho menos aprendemos a creer que podemos estar confundidos, de hecho si algo así pasa sólo nos enojamos, si estoy triste me enojo, si estoy preocupado me enojo, si estoy confundido me enojo, si no sé me enojo, y cuando estoy enojado me enojo también ¿por qué? La respuesta es sencilla: nada como el enojo para demostrar que tienes testosterona y por lo tanto eres hombre.

Empiezo a sospechar que las fases de crecimiento emocional desde lo masculino se dividen en tres: la primera es la que corresponde a estar en la casa de la que vienes, la segunda es la que corresponde a la etapa con tu pareja y la tercera a la etapa de los hijos. No es sencillo cambiar la respuesta “no sé” cuando te preguntan por lo que te sucede, pero sí te puedo decir que con un poquito de atención a lo que haces las cosas pueden cambiar radicalmente. Chance a esto se refiere la gente cuando dicen que los hijos te enseñan, al menos yo estoy aprendiendo que existe comunicación más allá de las palabras, basta llegar a casa y que mi hija diga papá, me regale su sonrisa de cuatro dientes y me extienda los brazos para saber que he llegado a casa y que puedo simplemente sentir.

 

 

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