¿Lo amaré? la llegada del segundo hijo

Pues cada día está más cerca la llegada de nuestro hijo, es muy diferente esta vez que se supone ya sabemos qué hacemos…se supone…

Evidentemente ha habido cambios en la manera en la que hemos resuelto los retos del embarazo, por ejemplo ya sabemos que comprar y que no. Ya sabemos qué es realmente una necesidad y qué es necedad. 

Claro que ha habido cosas completamente nuevas como el hecho de cómo nuestra hija se ha adaptado a la situación.

Paternidad

Sin embargo lo más nuevo han sido los miedos que he tenido ante la llegada de nuestro hijo. un buen día me di cuenta de que me preocupa(ba) el cómo lo iba a querer. Así como suena. Estaba angustiado porque me preguntaba ¿y si no lo quiero como a mi hija? ¿y si se nota que mi hija es mi hit en la vida?

En esas ideas me andaba agobiando hace unas semanas. En eso se atravesó el cumpleaños de la hija de un querido amigo papá de la escuela. Le confesé el miedo que tenía, además de que él ya me había preguntado si no me había pasado.

Lo interesante es que me confortó comentándome ¡que él también había pasado por lo mismo! y no sólo eso, otro papá que nos escuchó se acercó a comentarme que !también a él le pasó!

No sabes que tranquilo me sentí al ver que no estoy loco (chance sí, pero es independiente) al tener este miedo.

Ahora que lo recuerdo con mi hija no había gran cariño durante el embarazo y pues me parece lógico hasta cierto punto, porque pues técnicamente no te relaciones (como papá) con el bebé, en todo caso te relacionas con “los síntomas del bebé”.

Si te identificas con la historia bienvenido al club. Si no te identificas pues qué bueno… me caes mal.

Después de pasar por ese miedo me quedé pensando qué cosas de la vida diaria pueden alterar nuestras relaciones familiares o específicamente el ejercicio de nuestra paternidad.

Me parece que no estoy descubriendo el agua tibia, pero es importante no perder de vista que son situaciones cotidianas y muchas veces no estamos atentos a su impacto.

A considerar:

1) el famoso “workaholic” o “trabajólico”

Este punto no nada más es importante para  tu familia, también lo es para tu salud. El trabajo se debe de quedar en el trabajo; al final el trabajar en casa es trabajar por lo que da igual que estés ahí en materia, pero no en mente. Si estas con tu familia el trabajo no debería existir.

2) El estrés

Cualquier tipo de estrés crónico es malo ya sea por dinero, por presiones laborales o lo que sea, el estrés enferma y eventualmente mata. Además impide que te relaciones adecuadamente con tus seres queridos.

3) Distractores

Lo importante no es estar en calidad de bulto, es estar en calidad de presencia. El teléfono celular, la televisión, la computadora y demás ¡estorban!

4) Creer que como papá no importas o que eres reemplazable.

5) Machismo, machismo, machismo.

Creer que el cuidado de los hijos y de las hijas es tarea de la mamá y que tú estás para “ayudar”.

Obviamente hay más puntos, muchos más, pero me parece que estos son los más accesibles a cambiar y que están en todas las casas.

Déjame decirte que a mí me pasan todos los que mencioné, probablemente por eso los puse. Me cuesta mucho trabajo estar presente, creo que eso es una afectación que todos tenemos. Todo lo que hacemos y consumimos en nuestros días parece que busca que estemos “idos”.

Como vi en la película Los increíbles 2, la paternidad bien ejercida es un acto heroico. Lo es. Es demandante, cansada, extenuante, pesada, desesperante, pero al mismo tiempo es lo más hermoso y maravilloso que puedes vivir si te aplicas.

Sólo me queda confiar en el consejo de mis amigos y esperar que efectivamente tenga más amor dentro de mí para mi hijo.

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