¿Les echas la culpa a tus hijos?

Ya tengo mucho tiempo pensando en el contenido de esta entrada, pero no he encontrado la “forma correcta” de comunicar las ideas, así que la voy a escribir un tanto cuanto como si fuera una charla con algún compañero. También estoy consciente de que probablemente a algunos no les va a parecer. 

En mi trabajo y en mi vida personal escucho mucho a los papás quejarse, en general son las quejas que todos tenemos, que si descubrió como abrir la puerta, que si ahora pinta las paredes, sala, comedor y cualquier superficie, que si le están saliendo los dientes (en esa estamos en casa) y un montón de quejas más.

Sin embargo, hay algunos por ahí que su queja es relacionada a “cómo les salió el niño” casi como si su desgracia presente es que la vida “les dio” un hijo con un carácter y una manera de ser particularmente negativa… eso en lo personal me encabrona…

Quiero poner en claro algunas cuestiones, no existe eso de que “mi hijo salió berrinchudo” esa es una verdad a medias que sólo culpabiliza a los niños de la conducta, deslinda a los adultos de su responsabilidad y además termina siendo una excusa para no cambiar nada. Si mi hijo salió así, entonces no hay nada que hacer.

En general los psicólogos nunca hemos negado la herencia biológica, los genes son parte de la psicología y si alguna vez un psicólogo lo niega, bueno solamente espero no estés en terapia con él. De hecho ya en los programas nacionales más avanzados se lleva la materia de genética conductual.

La razón de lo anterior es porque de antemano sí tenemos que aceptar que nacemos con ciertas predisposiciones para el comportamiento, eso se llama temperamento, el cual es una mezcla de varias categorías, en general la clasificación más común es la que sigue:

Lábil-no reactivo
Distímico-optimista
Ansioso-calmado
Obsesivo-distraible
Pasivo-agresivo
Irritable-jovial
Tímido-sociable

 

Estas dimensiones son el punto de partida, sin embargo con la plasticidad neuronal propia de los chamacos y la crianza se pueden modificar en ciertos parámetros y ESO DEPENDE DE LOS PAPÁS.

Me molesta escuchar mamás o papás que dicen con un tono de suspiro el “ojalá no salga este bebé como me salió x” ¿es neta? Y si vieras que es una verbalización de lo más común…

Ahora bien, estas dimensiones de temperamento se modulan eventualmente a partir, en primer lugar, de cómo los papás cubren las necesidades emocionales de sus hijos. De hecho, tampoco creas que hay muchas, básicamente son 5 los aspectos emocionales que necesitas cubrir:

  1. Apego seguro: incluye todos los temas de seguridad básica emocional, estabilidad en las reacciones de los papás, cariño y aceptación.
  2. Autonomía, competencia y sentido de identidad: incluye todos los temas en los cuales el niño sea capaz de separarse de sus papás, explorar el mundo y no ser criticado o atacado por sus gustos o decisiones.
  3. Libertad para expresar necesidades y emociones: en esta dimensión se habla de todos aquellos momentos y espacios que el niño tiene para expresar su mundo interno sin que reciba censura inapropiada por parte de los adultos.
  4. Espontaneidad y juego: ¿qué te digo? No todo en la vida son reglas…
  5. Límites realistas y autocontrol: en esta dimensión se incluye todo lo que tenga que ver con el establecimiento y mantenimiento de límites adecuados para la edad y necesidades del niño.

Los hijos son en gran parte reflejo de los papás, si eres ansioso y miedoso, la probabilidad de que tu hijo empiece a exhibir esas conductas es altísima, acuérdate que chance no comprenden lo que hacen, pero ¡qué bien copian lo que tú haces!

Como buenos primates que somos constantemente buscamos conocer nuestro lugar en la manada, esa conducta la tenemos todos en todo momento… siempre estamos buscando nuestra jerarquía en el clan.

El problema es que tomamos eso como algo negativo o que no es normal. Creo que es mejor un ejemplo, mira, el domingo me quedé con mi hija en lo que mi esposa iba al súper, en un momento dado le puse “firmemente un límite”… se le ocurrió que era súper brillante idea tomar una sillita, acostarse en su pansa sobre la silla y aventarse hacia adelante “como mecedora”…

Después de que le puse el límite, su conducta fue muy “entretenida”, se me quedó viendo fijamente, con ojos de “nadie me chinga” estiró su manita a su mesita en donde estaba su cuaderno de Peppa Pig y simplemente lo deslizó hasta que se cayó al piso, en cuanto esto sucedió simplemente y sin perder el contacto visual ladeó la cabeza como diciendo “¡pum! Te fregué, es tu turno”…

Varios papás etiquetan esto como algo terrible, pero por muy molesto que sea es normal, está viendo su lugar y su poder en el clan; claro que es molesto, por dentro yo estaba que me llevaba el carajo, pensando mil cosas sobre si es una cabroncita y que seguro es por los genes maternos, porque yo soy un pan dulce…

¿Qué hice? Pues lo que tenía que hacer, en ningún momento rompí el contacto visual, endurecí la mirada y el rostro  y con voz pausada en un tono más abajo del que uso normalmente le di la instrucción de que levantara el cuaderno… me sostuvo la mirada por espacio por lo menos de diez segundo y luego obedeció.

Lo anterior no ha sido por que sea muy bueno en este tema, ha sido y me salió porque lo practicamos cada vez que ella hace estas cosas de manera que sabe (al menos todavía nos sale) que no nos inmutan sus retos y que no tiene opciones.

Cada vez que hace algo reaccionamos igual, esto genera predictibilidad y facilita la transición emocional, además de que nunca nos ve perder el control… que me digas que tu hijo salió de x manera, sólo me habla de quién tú eres y no me dice nada de tu hijo.
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