La vuelta del Viaje

Un buen día me dí cuenta de que algo le faltaba al cuadro familiar, estábamos en la sala, mi hija estaba jugando, mi esposa viendo sus cosas y yo leyendo. En ese cuadro me percaté que no sentía cierre, que me faltaba algo: otro hijo.

Me cayó como balde de agua helada ¿yo? ¿con ganas de otro/otra? Después de haber defendido a capa y espada el porqué sólo quería a mi hija ¡YO! ¡CON GANAS DE OTRO! 

Pues sí. Así fue, me cayó de momento. En un segundo dejé de verle el sentido a las creencias por las que había decidido que mi hija fuera única y se me hizo súper lógico que debía tener dos.

Afortunadamente mi esposa ya traía también la idea así que lo empezamos a platicar, sólo que decidimos guardar el mayor de los secretos ante los demás.

Claro que para eso de los secretos soy muy malo. Por lo que en una fiesta infantil me acerqué con un papá del kinder al que aprecio muchísimo y le pregunté sobre su experiencia con dos.

Después de escuchar su historia, los nuevos retos, lo que ya no es reto por la experiencia, sus idas y venidas decidí que era momento de compartirle mi intención y el por qué de mis preguntas.

Le hice jurarme que iba a guardar el secreto y le confesé que tenía ganas de ampliar la familia y la verdad su reacción me encantó ¡se súper emocionó!

Para ese momento ya habíamos decidido que nos íbamos a aventar y habíamos tomado las acciones pertinentes. Mi esposa ya había ido al médico, yo ya me había puesto a dieta y a cuidar mis hábitos.

Y pues nada, nos pusimos a hacer lo que teníamos que hacer y para nuestra fortuna el asunto quedó saldado. Se hizo una prueba de farmacia y creo que más me tardé en comprarla que esa cosa en dar el resultado.

¡Voy a ser papá otra vez!

Pero como siempre la vida tiene esa característica de mostrarse de la única manera que uno no pensó.

Así que el día del ultrasonido para confirmar el embarazo también nos confirmaron otra cosa… había un desprendimiento del trofoblasto. Se nos fue la sangre al piso.

Mi esposa me habló llorando y al darme la noticia pues tampoco supe bien qué era aquello y qué estaba pasando o qué tenía que pasar.

Les abrevio la historia: le recetaron ya sumadas al día de hoy casi 6 semanas de reposo absoluto. Durante las cuales ni me permití emocionarme, fueron semanas que viví como en una duermevela, con incertidumbre y con la falta de referencia para saber qué hacer o sentir.

Afortunadamente y por eso ya aviso las noticias, en el estudio de las doce semanas le levantaron el reposo a algo más moderado y el embarazo sigue su cauce afortunadamente por buen rumbo.

La otra noticia es que con un 90% será niño… ahora sí voy a tener la experiencia del cuidado de todo, niña, niño, tres perros, esposa y mi persona. La ventaja que tengo ahora es que ya se peinar, ya se cambiar pañales, calentar mamilas, no brincar al primer signo de llanto y hasta ya sé vivir como zombi por falta de sueño.

Claro que lo que sucedió después fue una negociación muy complicada para elegir nombre, la verdad no pensé saberme tantos albures, apodos y dobles sentidos con nombres.

Ya nos permitimos emocionarnos. Ya vi a mi esposa empezar a elegir los detallitos que le gustan y yo ya me vi remodelando la habitación para la llegada del nuevo integrante.

¿Y mi hija? Ella llevaba rogando durante los últimos meses que ya le llegara un hermanito. El día del ultrasonido final resulta que no hubo clases por lo que fuimos directo a darle la noticia a nuestra hija y se emocionó.

Ahora le habla al bebé y se la pasa haciendo preguntas a su mamá sobre el embarazo y sobre cómo está el bebé, en dónde está, porqué está ahí y demás preguntas que se les pueda ocurrir.

¿Creen en las leyendas? Mi amigo me contó que antes decirle a su hija que estaban embarazados empezó a notar cambios de conducta muy marcados. Me aseguró que eso pasaba cuando la mamá estaba embarazada, como que lo sienten.

¿Pues qué creen? Desde el momento que se dio la concepción (exageré un poco) mi hija ha tenido cambios brutales de conducta, para empezar se volvió insistente en que “le pusiera la semillita a su mamá” (eso de la “semilla” fue por parte de mi suegra y sus explicaciones).

También empezó a cambiar su carácter, de hecho hasta mi familia lo notó. Ellos también me dijeron que los niños “lo sienten”. ¿será verdad? ¿coincidencia? ¿algo más?

En lo que son peras o manzanas se aceptan invitaciones para echar una siesta, nada del otro mundo sólo que alguien nos regale una media hora de silencio y soledad antes de que en casa cometamos algún crimen.

Pues estas son las noticias, Papá Moderno se renueva con la llegada de otro integrante… ¡Voy a ser papá otra vez!

 

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