La ilusión en sus ojos

Hace tiempo no compartía una anécdota en el blog, así que esta vez compartiré una muy reciente. Con las “nuevas habilidades” que mi hija tiene por su desarrollo, hemos podido ampliar las actividades, juegos, cosas, espacios en los que podemos disfrutar con ella. 

Uno de esos espacios tiene que ver con un perrito, le cuento rápidamente, cuando me casé parte de lo que involucraba estar con mi esposa era que ella ya tenía dos perros chihuahuas, sin embargo viven en casa de mis suegros porque en el departamento no podemos tener animales (reglas de los vecinos).

Ahora que mi hija ya camina bien y coordina en general un poco mejor, hemos estado llevando a uno de los perros a la casa “de visita” los fines de semana, y ¡wow! la felicidad de mi hija hace que se me llene el cerebro de dopamina. Simplemente verla jugar con él o cuando el perro no le hace caso que venga conmigo tronando los labios como yo le hago para llamar a la mascota, es increíble.

De hecho es tan tierna que la primera vez que lo llevamos a jugar con mi hija, nos pasó algo que no contemplamos al final y es que ya que regresamos al perro a su casa, estábamos preparando la cena, llegó mi hija y me pidió que la cargara y simplemente volteó hacia la puerta y tronó los labios y dijo “awawa” (así le dice al perro) y puso una cara de expectativa inocente que nos conmovió a las lágrimas ¡fue horrible verla esperar al perro!

Pero bueno, poco a poco iremos encontrando la manera de llevarlo más a la casa y jugar. Ahora lo que hacemos es que pongo la correa en la carriola, le doy una parte a mi hija y salimos a caminar, ella va “soñada” porque le encanta asomarse y ver que ¡el perro va a su lado!

Claro que tener mascota es un reto importante y una gran responsabilidad, vale la pena por ella ¡obviamente! pero si me pesa levantarme en domingo (es mi único día en el que no me tengo que levantar temprano) para que el perrito camine y haga ejercicio… sí hay que pensarlo bien, porque si no el perro es el que invariablemente paga las consecuencias cuando la familia se harta o nadie quiere hacerse cargo de las mascotas.

Por vía de mientras seré feliz viendo los ojos de felicidad de mi hija cada vez que el “awawa” le hace caso y no huye de ella con sus cariñitos salvajes…

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