El tiempo. Carta #2

Querida hija

La segunda carta llegó antes de lo esperado, desde el día que naciste he intentado asistir a tu mamá cuando te baña, pero el día de ayer simplemente fue diferente. 

De la nada me di cuenta de lo mucho que has crecido y de lo mucho que has cambiado. Mi mente confrontó el recuerdo de ti completamente indefensa flotando con la ayuda de mi brazo en una bañera alta, recordé tu cabecita sin pelo y con la mollera suavecita y el terror que me daba sentir tanta fragilidad.

Ahora que caí en cuenta de tu crecimiento, al verte en la tinita jugando con tu mamá, lavándome la barba y aventándome el agua como yo te la aviento, sólo pude pensar en la velocidad en que las cosas cambian.

EL tema del cambio de las cosas (que aunque natural) lo trataré con calma en otra carta, hoy quiero hablarte del tiempo y de su paso. Dicen por ahí que como desde tu primera infancia has crecido y has sido criada con tecnología, entonces se te puede categorizar como que eres una “nativa digital”, esto es un hito masivamente asombroso en la historia de la humanidad, pero también significa que la cantidad de estimulación y distracción que llega a tu cerebro puede causar muchas cosas, entre ellas, que no vivas estando en el aquí y en el ahora.

No estoy seguro de cómo bajar este balón así que lo intentaré con un ejemplo un tanto cuanto burdo, pero fácil de ver.

Imagina una persona que es invitada al mejor restaurante del mundo, este lugar está en una montaña y tiene una vista del paisaje tan hermosa que despierta sentimientos sublimes que te hacen pensar en la existencia de un ser superior.

La comida ni se diga, son platillos que le sacan lágrimas a cualquiera, su sabor textura y explosión de sensaciones simplemente son majestuosas.

El café, no podía faltar, tiene un aroma tan exquisito que despierta recuerdos hermosos de la tierna infancia.

Ahora bien, esta persona no tiene que pagar un solo peso por asistir, todo está pagado y planeado, la compañía que lo invitó va a pagar el traslado en helicóptero, la mesa está especialmente reservada para él y el chef ha ido en la mañana a conseguir los ingredientes más frescos del mercado.

¿Ya tienes la imagen? Yo en lo personal estaba pensando en un platillo delicioso de conejo en mole de zarzamora con tortitas de huauzontle, con camote hervido y frutos rojos agregados como adorno.

Bueno, esta persona desde que se subió al helicóptero sacó su celular y empezó a tomarse fotos con la vista del vuelo. Cuando llegó al lugar lo primero que hizo fue empezar a tomar fotos de la vista tan majestuosa que estaba enfrente de él, cuando le trajeron la comida, le tomó una foto y empezó a comerla, pero con la mirada clavada en los comentarios que la gente le iba haciendo de sus fotos.

Al terminar de comer le sirvieron su café y ¡zaz! Como si fuera un caballito de tequila simplemente le hizo fondo porque se dio cuenta de la hora y de que tenía un compromiso en la noche, en donde evidentemente iba a presumir sus fotos.

No sé si alcanzas a ver hacia dónde me dirijo, pero si me lo pidieras mi opinión te diría que esta persona desperdició el tiempo en su visita, porque simplemente no estuvo, todo el tiempo se le fue en su rollo mental y nunca volteó a ver el paisaje ni lo imprimió en sus ojos, su paisaje es el de la cámara, aun teniendo el verdadero en frente.

De la comida ni qué hablar, su lengua y sus dientes movieron bocados, meros bolos alimenticios, pero nada más, sus rollos estaban en la satisfacción de ver los comentarios, y ¿el café? ¡Sacrilegio! Estaba más preocupado por lo que seguía (que de todos modos iba a suceder) que en sentir el placer de un buen café.

El tiempo se va hija mía, eso es lo natural, el reto está en estar en él, en atravesarlo, vivirlo, sufrirlo, beberlo, comerlo, amarlo, odiarlo, el tiempo está en el presente, en el aquí y en el ahora.

Lo único seguro que tienes del tiempo, la única promesa que hace contigo es que va a pasar te guste o no. La opción que te da es si quieres que el tiempo pase a través de ti o si tú quieres pasar a través de él.

No tienes que tener la vista del restaurante en la montaña para ver el tiempo o comer el tiempo o beberlo. Sólo tienes que estar aquí, estás jugando con tus muñecos ¡juega con ellos!, estás viendo el techo llena de aburrimiento ¡bien! Estate ahí, llénate de ese presente.

El pasado y el futuro no existen más que en las fantasías de tu cerebro, las cuales además sólo pasan en el presente, jamás vas a poder estar pensando en el futuro en el tiempo futuro, puedes pensar en el futuro, pero usando el tiempo presente.

Así que ese es mi consejo del tiempo, disfruta y sufre la vida en tiempo presente, tus papás sólo estaremos contigo en tiempo presente, las reglas y los castigos así como los premios sólo existen en el hoy.

Así que te propongo nos tomemos una taza de café en el presente.

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2 comentarios en “El tiempo. Carta #2

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