¿Dos semanas de qué?

¡Feliz 2018! Espero que se aun año lleno de aventuras y retos. Deseo que tengas mucho éxito en tus proyectos y que goces de salud. En general deseo que te vaya bien.

Lo que yo deseo para este año es que sigamos disfrutando de nuestra paternidad, cada vez hay más papás que muestran sus andares y cómo la pasan. Pero, sobre todo deseo que nos dejen de ver como excepciones a la regla. 

Te platico lo que me pasó estas “vacaciones” de diciembre. Por motivos de salud mi esposa tuvo que guardar reposo absoluto durante dos semanas. Eso básicamente significó que las actividades se tuvieran que repartir de otra forma, es decir, me hice cargo de prácticamente todo.

Lo que viví en este par de semanas reafirmó lo que ya sabía y me recordó sobre lo que tengo que trabajar más.

La casa

Lo primero que tengo que decirte es que definitivamente los que piensan que el trabajo doméstico no es trabajo o es más fácil que salir a godinear… están en el hoyo más profundo y cavando.

¡No manches! De por sí la rutina diaria es pesada y además mantener la casa medio limpia y medio ordenada es una locura. O una o la otra. En verdad que los que dicen que no cuenta es porque no lo han hecho.

El trabajo

Además de las labores de casa hay que perseguir la chuleta. O sea que para medio hacer lo de la casa y además de trabajar, pues hay que levantarse más temprano y dormirse más tarde. Eso si quieres por lo menos lavar y tender la ropa. Por mí hubiera usado los chones a doble vuelta o en el peor escenario me hubiera ido a comprar otros, pero claro no vivo sólo y me cuelgan de las patillas si sugiero algo así.

La hija

Amo a mi hija y que eso nunca se ponga en duda, pero caray, en ocasiones me dan ganas de darle un whisky en la leche a ver si duerme toda la noche. Entonces súmale a levantarse antes y dormirse más tarde, que mi hija se despierta un par de veces en la noche. Una es porque #yolo y la otra porque estamos intentando que aprenda control de esfínteres nocturnos.

Misceláneos

Todo lo anterior sólo me dejaba agotado, nada del otro mundo realmente. Nunca se me han caído las manos por lavar, tender, trapear, cambiar sabanas –eso sí que lo odio-, preparar los alimentos y demás.

Lo que sí me sorprendió –otra vez- es la actitud de la gente ante algo que debería ser normal. Insisto DEBERÍA SER NORMAL. Pues en dos semanas obviamente la despensa se acaba ¿no? Bueno pues a realizar las compras.

Me gusta mucho ir al súper y me divierte más ir con mi chamaca. Lo que me molestó es que la gente, especialmente las mujeres, me tratan distinto.

Es algo bien raro, pero cuando te ven haciendo lo que debes de hacer, léase ser papá, es como si estuvieras haciendo algo genial, como si fueras candidato a ser santo. Te sonríen, te saludan, te ceden el paso y en verdad cambia toda la manera en la que se comportan comparado con las veces que salgo sin mi hija.

Pongamos algo en claro: no estoy haciendo nada extraordinario, es más, me gustaría hacer esto general, los papás que conviven con sus hijas e hijos, que están presentes en la crianza, que muestran afecto y ponen límites… están haciendo su chamba y NADA MÁS.

Hace tiempo alguien decía que el hecho de que se nos vea diferente es tan ridículo como que nos den las gracias por usar desodorante o por lavar nuestro auto.

A mí me gusta verlo así. Decidí ser papá ¿no? Bueno pues me toca la dieta de ajo y agua –supongo que te la sabes: a joderse y aguantarse- porque si algo tiene el cumplir es que al final del día el cansancio estará muy presente.

Si decidiste ser papá pues entonces cumple con tu decisión, tus hijos no entienden de sociedad, sólo entienden de interacciones, ellos no tienen la culpa de tu cansancio o de tu desapego, no se vale que entonces caigas en ridiculeces como que “eso no es de hombres”

¡Espero este 2018 más papás se comprometan con sus roles y que todos tengamos un gran año!

¿Y si en lugar de whisky le doy medicina para la tos?

 

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