Cómo criar niños inteligentes

A todos nos interesa que nuestras hijas e hijos tengan las mejores oportunidades que seamos capaces de brindarles, pero en ocasiones se nos olvida que hay mucho que podemos hacer desde casa y no necesariamente tenemos que invertir en actividades costosas o en lugares especiales para que se desarrolle al máximo la capacidad mental de nuestros pequeñines. 

Resulta que sí existe un factor predictor de éxito en pruebas de inteligencia o en pruebas de aprovechamiento en la escuela y es la riqueza de su vocabulario. ¿Qué quiere decir esto? Que mientras más elevado, rico, variado, extenso, nutrido, coherente, congruente y demás, sea el vocabulario de la niña o el niño, más alto será el puntaje en las pruebas.

El cerebro se desarrolla muy rápido en los primero años y por lo tanto son los años más importantes, pero curiosamente como vemos que nuestros hijos no entienden o están chiquitos, dejamos de lado el uso correcto del lenguaje como herramienta de estimulación cerebral.

Desafortunadamente el tiempo perdido se queda relativamente perdido ya que aunque la niña o el niño se apoyen en programas remediales, estos no suplen la carencia vivida y aunque mejoran los niveles, no hay comparación con los que sí recibieron estimulación adecuada.

Lo anterior tiene varias consecuencias:

  1. Está en tus manos y las de tu pareja aprovechar el tiempo para que el cerebro de tu hija o hijo se desarrolle al máximo y por lo tanto sus capacidades crezcan lo más posible.
  2. No cuesta nada y probablemente ya lo estás haciendo bien.
  3. La estrategia además va a mejorar la relación de toda la familia.

Supongo que ya desperté tu atención y ahora quieres saber qué es lo que tienes que hacer ¿correcto? Bueno, pues la clave está en el tipo de interacción que los familiares, es decir, papá y mamá, tienen con la o el pequeño.

Esto es especialmente importante en el vocabulario que usamos y que hace que el niño aprecie los arreglos de lenguaje propios de la cultura en la que nació y además con las expresiones que uses ante elementos como tiempo, causa, calidad, cualidad y demás características simbólicas que los chiquillos tienen que atender, recordar y posteriormente expresar con palabras.

Si ya no quieres leer el resto de la entrada la clave del éxito es: habla con tus hijos de todo lo que puedas con el vocabulario más extenso que puedas, con todas las variaciones, sinónimos, usos y costumbres que puedas y además haz que ellos se expresen lo mejor que puedan, de la manera más extensa que puedan, todo el tiempo que puedan.

Te lo pongo más fácil: hablen un montonal. Listo puedes dejar de leer la entrada.

Si todavía sigues interesado en el tema entonces te voy a explicar algunas claves adicionales. La interacción entre los papás y los hijos tiene calidad ¿estamos de acuerdo? Esta calidad en la interacción puede mejorar de varias maneras.

Por ejemplo, que hables con tus hijos o al menos que te escuchen hablar de temas que vayan más allá de su cuidado, como lo sería que si estás cocinando algo y tu hija o hijo están contigo, les vayas explicando el proceso de lo que haces, aun cuando sólo describas lo que haces ya estás cumpliendo con este punto.

Otra clave es que cuando los chiquillos hacen preguntas los papás deben de contestar de forma extensa, intentar brindar la mayor cantidad de información y evitar el en ocasiones necesario “porque así funcionan las cosas”.

Este punto no es un mandato, especialmente si tomamos en cuenta que en promedio llegan a realizar 400 preguntas al día, sin embargo hay que hacer el esfuerzo.

Un punto adicional tiene que ver con la escucha, todo parece indicar que los papás que escuchan a los niños más allá de “lo necesario” también tienen un impacto positivo en el desarrollo de las capacidades de los niños.

De estos puntos puedes entonces deducir algunas estrategias fáciles, divertidas y con mucho impacto: hablar, leer y cantar.

Hablar con los niños

La conversación es un arte y desafortunadamente luego nos quejamos de que nuestros hijos “parecen merolicos” (esa me la decían a mí), sin embargo ¡eso es positivo! Y hay que alentarlos a platicar, obvio respetando reglas, horarios y lugares.

Intenta conversar con tus hijos, que no te baste un:

-¿cómo te fue en la escuela?

-bien…

-¡qué bueno!

Haz que te platique de sus actividades comunes y corrientes, es decir, de sus actividades cotidianas ¿qué hizo en el recreo?, ¿con quién jugó?, ¿qué jugo?, ¿cómo se sintió?, ¿cómo cree que se sintieron los demás “jugadores”?, ¿qué comió de lunch? (suponiendo que no lo sabes), ¿qué comieron los demás?, ¿se divirtió? Y como puedes ver es animarlo a platicar de todo: el contexto, las personas, las sensaciones, las acciones y todo lo que pueda recordar.

En algunos sitios encontrarás que se recomienda, además de lo que ya te mencioné, que se expresen lo más ampliamente posible sobre su historia y sobre sus recuerdos, sobre sus opiniones, sobre lo que les gusta, sobre cómo se sienten física y emocionalmente.

Ese punto tiene una recomendación adicional: no seas crítico, los niños recuerdan las cosas a su manera y lidian con su realidad de forma diferente a la tuya así que respeta lo que compartan.

Una actividad que puede resultarte agradable es que se cuenten cuentos, que inventes y ayudes a que ellos también inventen historias, lee fábulas e historias míticas con ellos y platiquen lo más que puedan.

Eso sí intenta evitar descripciones abreviadas como “el vaso está ahí”… ahí no es un lugar… (esto va para mi linda esposa… verdad cielito…), intenta ser descriptivo, no es fácil, pero haz el esfuerzo al final eso cuenta mucho.

Como puedes ver esta es una estrategia sencilla, que puedes aplicar a diario y que sólo tienes que cambiar algunos detalles de lo que de por sí ya haces bien. Así que no dudes en platicar de todo lo que puedas con tu familia, los beneficios valen mucho.

Referencia

  1. Betty Hart & Todd R. Risley. Meaninful Differences in Everyday Experience of Young American Children. Paul H. Brookes Publishing Co. 1995
  2. Sociedad Oaxaqueña de Psicología
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