Algunos límites son amor… otros no.

Cómo nos cuesta trabajo entender que los límites son amor. Y que respetar los límites de nuestros hijos creará adultos saludables.

Esa es una de las cosas que más repito en terapia que asisten buscando “cómo arreglar la conducta del niño”. Así que decidí escribir algunos puntos sobre ese tema en particular.

Me gustaría poner un escenario fantástico, algo que sé jamás ha pasado y que tiene cero probabilidad de pasar…

Tenemos una familia con dos hijos, hijo A de como 9 años e hijo B como de 7 años. El niño A tiene entre sus pertenencias equis objeto, el niño B quiere jugar con ese objeto, pero el niño A no se lo quiere prestar (que el A no está usando).

Y obviamente empieza la pelea. Normalmente cuál es la respuesta típica de los papás en esta situación improbable, que nunca en la historia de los nuncas ha pasado ni pasará.

Límites en la interacción
Límites para convivencia sana (foto tomada de internet)

Chance adivinaste que los papás le dicen al niño A que lo tiene que prestar, que ni lo está usando, que no le cuesta nada ser compartido, que no sea egoísta -o que está mal serlo-, entre otras cosas y un gran etcétera.

Me pregunto ¿qué acaban de enseñarle esos papás a esos niños?, ¿le habrán enseñado al grande a ser compartido?, ¿habrán creado un ambiente de cooperación y armonía?

La respuesta es un rotundo NO. lo único que los papás lograron fue evitarse molestias personales y sembrar problemas a futuro.

¡Claro que no! me dicen algunos bien enojados… quieres crear adultos egoístas que no sepan trabajar en equipo.

Pues aunque no te guste lo que realmente acabas de enseñar es:

Al niño A le acabas de enseñar que sus límites son negociables, que tiene que hacerse cargo del berrinche y deseos de los demás, que no tiene poder sobre sus pertenencias –imagínate cuando es algo del cuerpo- y además que si su límite parece crear una respuesta negativa en el otro pues está mal y debe de cambiar.

Al niño B le acabas de limitar una oportunidad de aprender a frustrarse, pero le acabas de enseñar que los límites de los demás son negociables y que la herramienta del chantaje emocional funciona.

¿Por qué el niño A tendría que ir en contra de sus deseos? Cuál es el fundamento para que un no sea negociable. Tip: no hay fundamento.

La respuesta más común que escucho es que no quieren que se “vuelva egoísta”. Pero ¿qué es eso?

El egoísmo definido por la RAE es un:

Egoísta
Egoísta (tomada de internet)

Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

Entonces no prestar algo no es ser egoísta o no querer ir a una reunión familiar en la que me siento incómodo tampoco es ser egoísta o que no me toquen la panza de embarazada –en mi caso de gordo- tampoco es ser egoísta.

Egoísta sería que como quiero algo me brinco tu límite aunque claramente estoy lastimándote. Justamente lo que pasa con el niño B a ese lo estás haciendo egoísta.

El defender un límite personal no es egoísmo. Tenemos que entender eso para empezar a respetar los límites de los demás y dejar de pasar por encima de su bienestar.

El niño A crecerá sin las herramientas necesarias para defender sus límites porque en casa le pisaron los límites.

Claro que hay cosas que están fuera de lugar; si el niño no quiere quedarse sentado cuando tiene que estar sentado o callado cuando tiene que estar callado o quietecito es otro tema porque ahí se estaría equivocando el papá por priorizar el deseo inmediato.

Los límites son amor, eso significa respetar los límites sociales, las reglas en general de convivencia, pero también es respetar los límites individuales de cada persona.

Al cuidar no pasar por encima de algunos límites de nuestros hijos estamos fomentando dos de las cinco necesidades emocionales que hay que cuidar para crear adultos saludables -y compartidos-:

  • Autonomía, competencia y sentido de identidad
  • Límites realistas y autocontrol.

Con un pequeño cambio en el respeto a las decisiones personales podemos fomentar parte de lo que se necesita para que nuestros hijos crezcan completos, sanos y sobre todo felices.

 

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